domingo, 15 de noviembre de 2015


LO EVIDENTE

Lo evidente vendría después de aquella mirada, de aquel gesto de los ojos retorcidos por el gusto feliz de quien descubre el amor, estaba  a solo un paso, lo habías encontrado de casualidad en esa etapa de tu vida en la que creías  no valdría la pena intentarlo. Como si el amor tuviera edad, o  le importara el tiempo. Siempre fuiste  muy crédula; pero ahora no, cuarenta años te habían enseñado a dudar, a desconfiar de todo. Cuarenta años y el Moro, ese sí, con su prepotencia machista y su narcisismo. El Moro y  Ernesto y Juan y Pedro y Osvaldo, y “el cana” el Migue y toda esa larga lista de hombres que agotaron tu suerte y siguieron  explotándote  hasta el cansancio  y te convencieron que el amor era un cuento y que no existen los finales felices. Y cargas esa resignación  olvidándote   de todo, olvidándote de  amar  y  hasta de ti  misma.

Claro  sin amor uno termina por anularse, se vuelve insignificante, y ya ni   importa teñirse las canas, ni que  las uñas crezcan descuidadas, ni importan que se ahonden esas ojeras, porque dormir para que, si no habrían sueños felices. Y hasta dejas de leer  y  estas tan aburrida,  que el tiempo no pasa. Y lo que quieres es que pase y se agote y se vuelva pequeño para arrullarlo como esos ojos que ahora te miran desenfadados, que se agrandan para ti. Y conoces esa mirada, ese sentido de pertenencia viril que se esconde tras la sonrisa.   Porque  sonríe, y te sonríe la vida con otro color, y tú percibes ese instante en que todo gira y  da vueltas alrededor tuyo. Porque era  una bendición caída del cielo encontrar el amor en esta parte de la vida en que andas así sin esperanzas,  casi a ciegas, tanteando mucho, desconociendo la dicha de andar acompañada. Encontrarlo allí,  en medio de una nada pestilente, entre el bullicio y el humo de cigarrillos. Entre una multitud que se va apagando poco a poco, donde solo están tú y él.

Encontrarlo en un bar de mala muerte, y saber que es él, el esperado, el que esperaste siempre,  porque nunca es tarde y  porque la vida siempre  te sorprende. Es tímido,   a los tímidos los conoces bien, ellos miran nerviosamente una y otra vez antes de pronunciar palabra. Por eso tomas la iniciativa y te sientas frente a él y lo invitas a que beba y  bebe de tu vaso, y se termina el trago y sigue  sonriendo. Y esa sonrisa la conoces, es la antesala, el preámbulo para luego estar así bailando juntos.  Tan juntos los cuerpos que puedes escuchar el latido alborotado  de su pecho, tan juntos que ahora son uno en un movimiento nervioso  bajo un farol que titila. Es tímido por eso le robas el beso, y lo nombras y él se deja llevar, y le dices Manuel y no le importa, y lo llamas Juan  y acepta los nombres, se va sumando a todos, con esa soltura nueva, con un estremecimiento entonces,  con esos ojos que te clavan a la pared. Ojos profundos que te miran de una  manera rara y desconocida. Y sientes un revoloteo de palomas a tu alrededor y  vez  como todo se ilumina. Y así como si flotaras, porque el cuerpo se ha vuelto liviano.  Eso es amor y lo sabes. Encontrarlo ahí, en esa especie de limbo donde creías no se podía encontrar nada bueno.

Encontrarlo en una sola noche, a la vuelta de la esquina, eso era suerte, la que siempre te había faltado, pero ahora no más. Ahora que puede  importarte que la noche se vuelva más oscura, tú ya tenías una vela, un rayito de claridad para alumbrarte. Se acabó el andar rodando, porque al fin, el premio gordo,  el billete de lotería, un joven apuesto, corpudo además, de mirada aguda, de unos ojos tremendos, de un brillo estancado, que te devolvía a la vida. Ya nada tendría  ese amargo sabor de la soledad. Porque lo encuentras casi sin proponértelo, sin buscarlo. Y te deja idiotizada. Y las palabras saltándole como música  y te lo dice así en el oído, con ese calor que derrite toda la nieve que hay en el corazón, bajito  para que nadie escuche, el muy tímido susurrándote, y  lo miras, sintiendo esa frialdad  que cala hasta los huesos, porque otra vez esa mirada se ha vuelto penetrante, cautivadora. Y no puedes desistir, no, no puedes negarte.

Siempre eran más jóvenes que tú,   por lo atractiva, porque después de todo no te maltrataron los años, ni esa vida a la que tenías que agradecerle ahora que pusiera frente a ti a ese joven de mirada enigmática, de una espalda tan ancha que no puedes abarcar en un abrazo. Y ya están en la calle como te pidió, porque quiere estar solo contigo.  Se ha vuelto impaciente, ha ido poco a poco perdiendo la timidez.

Y te abraza y ese abrazo no lo has tenido nunca.  Es  un abrazo distinto,  uno que no acaba como si quisiera romperte,  y casi  ni te deja respirar. Te abraza con todo su cuerpo inmovilizándote,  sientes la opresión de sus brazos  tan fuerte sobre ti,  esos  brazos  que no paran de apretarte,  que te cercan, que tiran de ti con fuerza, con mucha fuerza sin que puedas zafarte y al principio te hace gracia el  juego de querer fundirte contra él, hasta que se te acaban las fuerzas. Te enrosca como  una serpiente apretándote más y más  en un abrazo prolongado. Y está engulléndote, y te agotas y te deja sin aliento, le  dices que pare, que ya, que es suficiente, que está dañándote y no le para.  Y otra vez esa mirada te corta el ritmo de un tajo, te quita los deseos de reír.  Esos brazos te someten  sin que puedas negarte,  te arrastran sin que puedas hacer nada, y te obligan  a entrar en su auto.
Preocupándote mucho y  más ahora cuando  no consigues  abrir la ventanilla que ha cerrado de  golpe. Asustándote mucho,  porque se ha vuelto sordo y no escucha tus gritos, ni todos esos nombres con que lo llamas  para que se detenga. Emilio, Ernesto, Paco, no, no responde, tampoco escucha tus súplicas, ni le importa ese pataleo frenético, ni esos arrebatos de histérica, y lo único que consigues es que te pegue,  porque te pega para que te calles, mientras el carro se aleja en toda esa oscuridad de la madrugada que  recién comienza, mientras se sique adentrando en ese callejón que no lleva a ninguna parte que no sea a ese basurero  donde encontraron una chica muerta hace solo unas semanas atrás.