miércoles, 30 de diciembre de 2015

NIHIL NOVUM SUD SOLE

NIHIL NOVUM SUD SOLE

Nos ha sido dado ceniza y fragancia
y una manera de recordar

Thomas Shapcot

Por Odalys Interian.

La poesía reclama su derecho a la primogenitura; es antes que el hombre, antes que el verbo, antes que el hágase la luz. Usando al hombre como instrumento nos deja la paradoja ¿Qué fue primero, el poeta o la poesía? Sabiendo que el poeta solo puede expresar lo que ya existe, lo que ya tiene existencia en sí, que, si existe la poesía es porque alguien la ha materializado, le ha dado un principio, y que él el creador que la expresa y vivifica. Entonces intuimos que la poesía estaba esperándolo, tenía existencia en el tiempo, era de antes, de mucho antes, antes de la materia, antes que el hombre. Increada, imperecedera, echa de la energía de Dios. Aplicándole la esencia de él, (la de Dios): Poesía es lo que no tiene principio, ni final, y es, desde la eternidad hasta la eternidad.

¿Si la poesía no pertenece al ámbito humano a qué la haremos semejante? ¿Por qué hablar de su comienzo, por qué augurarle un final? Marcarle sitio en el tiempo es hablar de la andadura del hombre por ella, nunca será nada lo que se diga, y nunca diremos la última palabra. La poesía pensó al hombre y lo iba a sobrevivir. El hombre sujeto a leyes, a normas en ocasiones rígidas, gusta encasillar, gusta decir “esto es lo demostrado” “esto es el concepto” Me vienen a la memoria los versos de Rilke: “Me aterra las palabras de los hombres, lo saben expresar todo tan claro, y esto se llama “perro” y esto “casa” el principio está aquí y allí está el final”.

La poesía no tubo comienzo, pero inicia las audacias, nos hace sentir humanos. Solo el hombre es capaz de sentir y expresar la belleza. Está claro que no contribuyó en ningún tiempo a la supervivencia del más apto, y que el arte seguirá siendo un fenómeno inexplicable que nos hace sentir superior e innegablemente únicos. Tenemos consciencia de nuestro ser, somos algo más que memoria, los recuerdos no están solamente almacenados, podemos  crear, analizar, apreciar, amar, usamos el lenguaje y  la capacidad de tratar con propiedades abstractas del sistema numérico.   Sostener que no existe lo que no pueda demostrarse científicamente es un error, es negar el espíritu del hombre, la poesía, la música, el amor. La ciencia no cuenta con los medios para responder todas las preguntas acerca de la existencia humana, la poesía tampoco; pero puede llenar el vacío que la ciencia no responde, porque esta se ocupa de lo mesurable; mientras la poesía tiene como misión crear nuevas realidades o descubrirlas, hallar un sentido con el no sentido poético, aumentar el mundo, es decir lo que es real, lo que existe por sí mismo, y además un “irreal” universo. Concordamos, la ciencia no es el único modo de llegar al conocimiento, y no podemos descartar la idea de un creador implantando en el hombre la necesidad por lo bello y lo espiritual, por los valores estéticos que tenemos y no explica la evolución. En el libro bíblico de Eclesiastés sé nos dice: que Dios puso la eternidad en la mente del hombre sin que el hombre entienda o alcance a descubrir lo que Él ha hecho. Podemos pensar la eternidad, y concebirla. Podemos planear, presentir, buscar, romper todos los códigos. De todos los hombres los poetas son los más notables, porque la poesía cambia la verdad establecida, por otra realidad desconocida que no pierde ni altera el sentido de la comprensión, cosas que no pudieran existir en la lógica, y donde la metáfora es la lógica de las cosas afín al sueño o a la locura. Para Aristóteles la poesía no se limita a las cosas como son y suceden sino ha como pueden ser y suceder, para él era preferible el imposible creíble a lo posible increíble, sostenía que cualquier imposible puede ser defendido por el efecto poético. El arte es imitación, lo sabemos, y en el arte están; la verdad poética y la verdad lógica, o ambas. Entonces poesía no es la realidad, pero tampoco es lo contrario. Y la irracionalidad de la eternidad defendida por mucho no es tal. La eternidad existe y el hombre la contempla y le canta. Poesía es eternidad.

Un poema es, aunque los pensamientos expuestos en él sean erróneos, en poesía no importan los absurdos, “poco importa describir a una cierva sin cuernos si se le describe bien” ( Celaya). El poema es lo que viene de lo efímero y busca eternizarse, es lo indefinible dentro de lo finito, desde la quietud lo que está en fluidez contante, es la fuerza que yace en un destello porque es también debilidad. Es lo que desciende para ser ensalzado, lo que puede morar en el abismo, en su descenso a los infiernos, y es presente, lo que se pone de pie venciendo la naturaleza de lo muerto. En él lo permanente como diría Hölderlin: “lo permanente lo fundan los poetas”. Pero la poesía también es camino, las cosas vuelven y nosotros con ellas, los poetas están siempre retrocediendo, y ese retroceso es también avance, pueden encontrar la verdad o no, pero nunca se darán por vencidos, no pueden callarse y si se callan, necesitan escribir su silencio, “Silencio atravesado por mundos y por ángeles a la manera de Rimbaud”.

El poeta no deja de intentar lo imposible, es un ser con misión, una especie de intermediario: nombra, revela y revelar es cambiar, ya sabemos que no es posible revelar sin proponer un cambio, poesía como necesidad, para volver a lo que hay en ella de originaria y nunca agotada, a su juventud imperecedera y a la palabra como su medio de expresión. Sus virtudes germinativas son en esencia una subjetividad de una realidad en renovación permanente. El poeta imita el método de creación de Dios, es el gran matemático, ha creado una notación distintiva y un sistema propio con el que puede explicar y aprender, una fórmula sagrada que le permite revelar. El poeta descubre el mundo a través de otra apariencia, enfrenta una batalla con el lenguaje, contra la palabra esencial que revela lo existente y su verdadero sentido, contra la palabra común invalidada que en el intercambio pierde su significado, inventa un nuevo saber que puede estar, o no separado de la lógica.

“Nada hay nuevo bajo el sol” sentencia el Eclesiastés, todo lo que es ha sido, y lo que fue, volverá a ser, lo que es contiene mucho de lo que vendrá, por eso siempre estaremos llegando tarde. El poeta debe superar esa angustia, la de saber que otros se le adelantaron a decir en el tiempo, el poeta debe olvidar, debe ignorarlo todo, volver al génesis y comenzar a nombrar. Todo ha tenido existencia por tiempo indefinido, porque “no hay manera de contar lo que falta”. Virgilio López Lemus en su libro Aguas Tributarias pretende negar esta verdad, por qué Virgilio es poeta y son precisamente a los poetas a los que nos gustaría evadir esta realidad. Él alude en su libro para explicar que si hay cosas nuevas a los soles que nacen en el universo y a la nueva poesía; pero ¿Qué es lo nuevo? Esos soles existían, eran energía que luego fue transformada en materia, existían antes de ser revelados. ¿Y la nueva poesía? Los nuevos códigos, los nuevos soportes. El hombre llama nuevo al principio de un conocimiento ilimitado que está en expansión constante, cuando no hace sino descubrir un rayito de luz en toda esa vastedad que es el universo, intenta ofrecer un criterio de nuevo a una nueva visión. Pero ahí estaba todo antes de que él empezara a ver.

 

¿Qué es lo nuevo, lo experimental en la poesía actual? Poesía cibernética, holográfica, que apela a la gestualidad empleando nuevos códigos gráficos, plásticos incluso léxicos, su tesis la presencia del texto en un espacio vacío, una poesía que parece sorprendernos, que proclama el hastío de la tradición. ¿No es acaso un volver atrás, al arte de las cavernas? Esa manera de ordenar y producir símbolos no es puramente moderna, sabemos que en un tiempo las imágenes hablaron sin palabras, se expresaban y nos revelaban una historia, las notaciones no fueron siempre escritura, no contenían palabras, pero igual narraban. Esa forma abstracta de observación de una cultura simbólica altamente desarrollada a la que la escritura le debe mucho. Según esto, que diré ¿el hombre de las cavernas era desarrolladamente moderno? En esas culturas la producción de símbolos e imágenes era tan compleja como lo es hoy. Creado para vivir en sociedad el hombre “primitivo” producía y leía un conjunto de imágenes y símbolos, que demostraban nuestra necesidad de expresión, de fabulación. De todo esto aprendemos que los intentos por narrar, ese construir modelos para expresarse artísticamente, son inherentes al hombre. El arte es un don, un regalo y una herencia. Borges aseguraba que solo hay hecho estético cuando se lee o se escribe. Pero esas notaciones que sin ser escritura pueden leerse, son poesía que quizás hoy estamos aprendiendo a leer. ¿Estamos volviendo al arte primitivo?

 ¿Y la poesía actual? Repito, nunca ha habido más necesidad de poesía que ahora, nos adentramos en un mundo cada vez más turbulento, peligroso, y la poesía expresa esa turbulencia, expresa transformación de vida. Se vive y se escribe a prisa, es menester entonces como ya pedía Baudelaire: “que todos los golpes den en el blanco y que ningún disparo sea inútil”

¿ Y hay la poesía destructora de la poesía, que trata de des temporalizar el arte, de eliminar los elementos humanos, donde  el yo cambia por nosotros, pasando de una poesía interior a una abierta, histórica, poesía de catástrofe, de exteriores que exhibe la complejidad del hombre cotidiano, donde el poeta es protagonista y el mismo atestigua la pérdida de valores.

Poesía violenta, brutal, directa, no cuenta las sílabas, no persigue analogías sonoras, liberada de ritmo y de estructura clásica, pero que lleva analogía virtual y rítmica, contraria a la evasión; pero romántica, testimonia lo visto, incorpora la modernidad a la poesía regida por la ley de la simplicidad. Un mito exaltante, una explosión que quiere borrar de golpe toda visión poética, y donde la metáfora es el elemento decisivo. Es esto una nueva andadura, puede que sea lo que haga de ella algo centellante; pero ¿qué es lo nuevo? En ella sigue el hombre enfrentado a la vida, a sus nuevas circunstancias, a sus miedos a sus dudas existenciales, son sus angustias tomando universalidad, es el universo del caos, del sufrimiento, donde el hombre nuevo expone sus derrotas, su fracaso, su cansancio del mundo antiguo. ¿Es esto lo nuevo, la ruptura? puede el hombre desechar todos esos modelos antiguos? Octavio paz reflexionó acertadamente: “Saberse parte de una tradición implica saberse dentro de ella, lo cual tarde o temprano conduce a interrogarla y a veces a negarla. Desde la poesía no hay contradicción la contradicción somos nosotros, donde lo irracional siente el compromiso con lo racional y viceversa para fusionar lo real y lo absurdo. La poesía niega para afirmar “No hay nada nuevo bajo el sol”. Thiago de Melo a dicho admirablemente: “no importa que hablemos tanto siempre repetiremos”. Entonces si no hay nada nuevo, si todo se ha dicho, si algún día no habrá memoria nuestra, si nada hemos logrado, si poesía es una manera de escribir o de leer también en los silencios, y toda la escritura y la lectura no pueden contenerla, cabría decir entonces que escribimos porque ignoramos.

domingo, 13 de diciembre de 2015


Tú y yo

 solemnizados

 en la audacia

 en ese estertor

 de rotundos silencios

 viciando la vida

 lo perenne en su sigilo

 y tormenta

 Trayendo lo muerto

 a esa perfecta lluvia

 que germina

 Llenando esa canasta

 de sílabas y noches

 de pájaros en su ofrenda

 de vuelos felices

 Llenando el amor

 esa cifra en su medida

 de recíproca hondura
 
 
 
Odalys Interián
imagen tomada de la red



Me acerco

 a ese verano limpio de tu boca

 donde resbala el pájaro

 y la luz

 y toco la palabra

 sus racimos de gloria

 cruzo el océano de esa fiebre

 los enjambres luminosos

 de tu sed

 y vuelvo al tiempo numeroso de tu sílaba

 a esos otoños

 viciado por la luz y la intemperie

 a esa blancura de los mármoles

 que nacen en la lluvia

 

 Me acerco al sol

 a tus piedades

 a ese silencio rojo de tus manos

 donde me quedo

 ardiendo como un pez

 frío y sonámbulo

 

 Odalys Interian

 imagen tomada de la red

Busca el aire en mi palabra

 la nuez oscura

 de los vientos memoriosos

 el temblor del verano

 que se acerca...

 la doliente luz

 todo encerrado

 en su círculo

 la fija ceniza

 que enterará a los pájaros

 y las certidumbres

 

Siega esa mordaza

 bajo el signo

 de la espera

 Y búscame

 en los retoños

 empequeñecida

 en ese rastro del polvo

 yaciendo

 bajo el triste

 homenaje de la noche

 y los silencios

 

Odalys Interian
imágenes tomadas de la red
Imagen tomada de la red 



Hay tantas luciérnagas

tanta claridad en ti

que ya no importa el sol

ni la memoria

ni el trazo de la muerte

sobre el péndulo

 

Hay tanto duelo en ti

tanto diluvio

atravesando el fruto

y la codicia

 

Hay tanta noche

despoblándose

tanta lluvia en el temblor

y las palabras

Ya nada importará

más que tu sombra

y ese aire

que ordena los abismos.

 
Nada me retiene
estoy en el vuelo
en ese circo y disloque
del corazón
que mide en su mímica
el deseo
En ese baile de libertades
oficiando
silbadora de la vida
en su retórica
Voy en el disparo
atando señales
lo disperso y tremendo
de las luces
en su fría marea
de holocaustos



Odalys Interian

domingo, 15 de noviembre de 2015

LO EVIDENTE


LO EVIDENTE

Lo evidente vendría después de aquella mirada, de aquel gesto de los ojos retorcidos por el gusto feliz de quien descubre el amor, estaba  a solo un paso, lo habías encontrado de casualidad en esa etapa de tu vida en la que creías  no valdría la pena intentarlo. Como si el amor tuviera edad, o  le importara el tiempo. Siempre fuiste  muy crédula; pero ahora no, cuarenta años te habían enseñado a dudar, a desconfiar de todo. Cuarenta años y el Moro, ese sí, con su prepotencia machista y su narcisismo. El Moro y  Ernesto y Juan y Pedro y Osvaldo, y “el cana”, el Migue y toda esa larga lista de hombres que agotaron tu suerte y siguieron  explotándote  hasta el cansancio  y te convencieron que el amor era un cuento y que no existen los finales felices. Y cargas esa resignación  olvidándote   de todo, olvidándote de  amar  y  hasta de ti  misma.

Claro  sin amor uno termina por anularse, se vuelve insignificante, y ya ni   importa teñirse las canas, ni que  las uñas crezcan descuidadas, ni importan que se ahonden esas ojeras, porque dormir para que, si no habrían sueños felices. Y hasta dejas de leer  y  estas tan aburrida,  que el tiempo no pasa. Y lo que quieres es que pase y se agote y se vuelva pequeño para arrullarlo como esos ojos que ahora te miran desenfadados, que se agrandan para ti. Y conoces esa mirada, ese sentido de pertenencia viril que se esconde tras la sonrisa.   Porque  sonríe, y te sonríe la vida con otro color, y tú percibes ese instante en que todo gira y  da vueltas alrededor tuyo. Porque era  una bendición caída del cielo encontrar el amor en esta parte de la vida en que andas así sin esperanzas,  casi a ciegas, tanteando mucho, desconociendo la dicha de andar acompañada. Encontrarlo allí,  en medio de una nada pestilente, entre el bullicio y el humo de cigarrillos. Entre una multitud que se va apagando poco a poco, y donde solo están tú y él.

Encontrarlo en un bar de mala muerte, y saber que es él, el esperado, el que esperaste siempre,  porque nunca es tarde y  porque la vida siempre  te sorprende. Es tímido,  a los tímidos los conoces bien, ellos miran nerviosamente una y otra vez antes de pronunciar palabra. Por eso tomas la iniciativa y te sientas frente a él y lo invitas a que beba y  bebe de tu vaso, y se termina el trago y sigue  sonriendo. Y esa sonrisa la conoces, es la antesala, el preámbulo para luego estar así bailando juntos.  Tan juntos los cuerpos que puedes escuchar el latido alborotado  de su pecho, tan juntos que ahora son uno en un movimiento nervioso  bajo un farol que titila. Es tímido por eso le robas el beso, y lo nombras y él se deja llevar, y le dices Manuel y no le importa, y lo llamas Juan  y acepta los nombres, se va sumando a todos, con esa soltura nueva, con un estremecimiento entonces,  con esos ojos que te clavan a la pared. Ojos profundos que te miran de una  manera rara y desconocida. Y sientes un revoloteo de palomas a tu alrededor y  vez  como todo se ilumina. Y así como si flotaras, porque el cuerpo se ha vuelto liviano.  Eso es amor y lo sabes. Encontrarlo ahí, en esa especie de limbo donde creías no se podía encontrar nada bueno.

Encontrarlo en una sola noche, a la vuelta de la esquina, eso era suerte, la que siempre te había faltado, pero ahora no más. Ahora que puede  importarte que la noche se vuelva más oscura, tú ya tenías una vela, un rayito de claridad para alumbrarte. Se acabó el andar rodando, porque al fin, el premio gordo,  el billete de lotería, un joven apuesto, corpudo, musculoso además, de mirada aguda, y de unos ojos tremendos, con un brillo estancado, que te devolvía a la vida. Ya nada tendría  ese amargo sabor de la soledad. Porque lo encuentras casi sin proponértelo, sin buscarlo. Y te deja idiotizada. 
Y las palabras saltándole como música  y te lo dice así en el oído, con ese calor que derrite toda la nieve que hay en el corazón, bajito  para que nadie escuche, el muy tímido susurrándote, y  lo miras, sintiendo esa frialdad  que cala hasta los huesos, porque otra vez esa mirada se ha vuelto penetrante, cautivadora. Y no puedes desistir, no, no puedes negarte.

Siempre eran más jóvenes que tú,   por lo atractiva, porque después de todo no te maltrataron los años, ni esa vida a la que tenías que agradecerle ahora que pusiera frente a ti a ese joven de mirada enigmática, de una espalda tan ancha que no puedes abarcar en un abrazo. Y ya están en la calle como te pidió, porque quiere estar solo contigo.  Se ha vuelto impaciente, ha ido poco a poco perdiendo la timidez.

Y te abraza y ese abrazo no lo has tenido nunca.  Es  un abrazo distinto,  uno que no acaba como si quisiera romperte,  y casi  ni te deja respirar. Te abraza con todo su cuerpo inmovilizándote,  sientes la opresión tan fuerte sobre ti,  y esos  brazos  que no paran de apretarte,  te cercan,  tiran de ti con fuerza, con mucha fuerza sin que puedas zafarte y al principio te hace gracia el  juego de querer fundirte contra él, hasta que se te acaban las fuerzas. Te enrosca como  una serpiente apretándote más y más  en un abrazo prolongado. Y está engulléndote, y te agotas y te deja sin aliento, le  dices que pare, que ya, que es suficiente, que está dañándote y no le para.  Y otra vez esa mirada te corta el ritmo de un tajo, te quita los deseos de reír.  Esos brazos te someten  sin que puedas negarte,  te arrastran sin que puedas hacer nada, y te obligan  a entrar en su auto.
Y estás preocupándote mucho y  más ahora cuando  no consigues  abrir la ventanilla que ha cerrado de  golpe. Asustándote mucho,  porque se ha vuelto sordo y no escucha tus gritos, ni todos esos nombres con que lo llamas  para que se detenga. Emilio, Ernesto, Paco, no, no responde, tampoco escucha tus súplicas, ni le importa ese pataleo frenético, ni esos arrebatos de histérica, y lo único que consigues es que te pegue,  porque te pega para que te calles, mientras el carro se aleja en toda esa oscuridad de la madrugada que  recién comienza, mientras el auto se sigue adentrando en ese callejón que no lleva a ninguna parte que no sea a ese basurero  donde encontraron una chica muerta hace solo unas semanas atrás.